Trac, trac, trac. Ea, ea, ea. Mira
hacia los lados. Una oportunidad. Corre.
Otra vez nada.
- Perdona, ¿conoces alguna
guardería por aquí?
- Esta conversación me suena. Mira,
voy fatal de tiempo.
Trac,
trac, trac. Ea, ea, ea. Duérmete niño, duérmete ya…
Mira hacia los lados. Nadie. Quizá en el portal.
Hay una voz en el primero.
Escaleras.
- Vaya, cómo vas de cargada.
Soy Mario, el nuevo vecino. Trae, que te ayude. Hola, pequeñín. ¿Cómo te lla…?
Otro que tampoco.
La llave entra como siempre. El
carrito, a la derecha. Fuera el abriguito. Fuera las zapatillitas, el gorrito,
los pantaloncitos. Tampoco sirve.
Lo tira a la segunda
habitación, donde todos. Cierra la puerta.
El ordenador está encendido.
Doscientos euros más, puede que el siguiente cuele. Nombre de usuario, tarjeta
bancaria, dirección de correo. Adjuntar a su cesta: colonia nenuco, biberón, toallitas
limpiadoras. Sobre el escritorio, la foto. A su izquierda, la urna. Tiene una idea:
esta vez, será muñeca. Nadie llegó a preguntar si era niño, ¿no?
Candela Martín
Candela Martín
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